HISTORIA DEL FENG SHUI
El Feng Shui es un sistema chino milenario que estudia la relación entre los seres humanos y el ambiente que los rodea; es una filosofía y un arte que nos ayuda a través de sus reglas y principios a estudiar e interpretar los flujos de energía del universo y cómo nos afectan, a fin de crear ambientes sanos y prósperos.
El Feng Shui nació del Taoísmo y está íntimamente vinculado a esta práctica, su nombre significa literalmente Viento y Agua, elementos fundamentales de la energía vital.
Es muy difícil entender el Feng Shui sin conocer su historia.
En sus orígenes, al menos 7.000 años atrás, el Feng Shui era una tradición oral y sólo era conocido por los miembros de la clase imperial china. No fue hasta el siglo IX d.C. cuando este arte se dio a conocer de forma abierta. Aunque originario de China, el Feng Shui se difundió a occidente desde Hong Kong y Taiwán, ciudades reconocidas como las capitales mundiales del Feng Shui. Con la llegada del comunismo que prohibió todas las prácticas tradicionales, China perdería el conocimiento de este arte y la clase dirigente que pudo escapar se instaló en Hong Kong y Taiwán, llevándose consigo la práctica del Feng Shui.
El Viento y el Agua son dos de las formas esenciales de la energía y para los chinos tenían muchísima importancia, con los vientos suaves recogían buenas cosechas y los vientos fuertes las destruían, los ríos les proporcionaban alimentos. Para ellos el Agua y el Viento eran la energía del cielo y la tierra, la energía que se mueve es favorable y la estancada es negativa. Los ideogramas chinos del viento y el agua significan manifestaciones de la energía. A medida que el arte de contemplación del universo evolucionó en China, llegaron a identificar el comportamiento de las energías que los rodeaban y como éstas influían en ellos, logrando determinar cuáles eran las ubicaciones más favorables para construir los asentamientos y las casas. Las Tribus en esas épocas eran guiadas por Reyes Chamanes que conocían el comportamiento del viento y el agua y tenían poderes sobre éstos.
Hace unos 6 mil años existía un chamán llamado Fu Hsi. Cuenta la leyenda que Fu Hsi vio salir de las agua del río Ho un caballo con una serie de marcas en su costado, que después transcribió en un grupo de cuadrados radiales (ver imagen) en el que se observan todos los números del 1 al 9, con el cinco en el centro, conocido como He Tu o Mapa del Rió, y a partir de esas figuras desarrolló ocho Kuas u ocho trigramas ordenándolos en el Pakua del Cielo Anterior (pakua significa literalmente 8 kuas). El Pakua del cielo posterior se utiliza para analizar el espacio que nos rodea y es la base del Feng Shui de la Escuela de las Formas.
Otra leyenda, miles de años más tarde, cuenta que lluvias torrenciales amenazaban con producir una inundación que destruiría los pueblos adyacentes al Río Amarillo y varios chamanes habían fracasado en su intento de controlar la situación. Un viejo tullido que se había formado como chamán, llamado Xia Yú, controló la situación del río y cuando este volvió a su cauce, Xia Yú vio salir del mismo una tortuga en cuyo caparazón había una serie de marcas que Xia Yú transcribió para la posteridad como Luo Shu o Mapa de Agua.
Los Reyes Chamanes fueron guiando a través del tiempo a las tribus chinas, fundaron dinastías y construyeron grandes ciudades.
Weng Wang, fundador de la dinastía Zhou hace aproximadamente 2.800 años, practicaba la adivinación y convirtió el He Tu y el Luo Shu en poderosas herramientas para la predicción; aplicando su conocimiento de los ciclos de la naturaleza, reordenó el Pakua del cielo anterior de acuerdo al Luo Shu creando el Pakua del Cielo Posterior que se utiliza para estudiar los fenómenos del flujo y del cambio de energía. Weng Wang también aumentó los ocho Kuas triagramas a 64 hexagramas, por lo que se cree que Weng Wang fue el creador del I Ching.
Durante la Dinastía Chou (siglos XI A.C.), el emperador Shing amplió el conocimiento y técnica de la brújula, combinando el conocimiento de este instrumento con el I Ching estableció una teoría para la adivinación, el Lo-Ching. Los antiguos emperadores chinos observaban también el cielo y plasmaron estos conocimientos en el sistema calendario, que fue perfeccionado durante esta dinastía y fue así como la brújula, el I Ching y el calendario se convirtieron en parte de la ciencia china.
En los siglos siguientes surgieron las artes adivinatorias con los Fang Shih, cuyo significado literal es expertos en artes esotéricas. Estos Fang Shih practicaban la adivinación, la magia, la curación y pertenecían a sectas Taoístas. También en sus manos el Feng Shui se convirtió en una práctica tradicional y se le conocía como K´an Yu
POR QUÉ SE LE TEME TANTO A LO SIMPLE
Para nuestros hábitos lingüísticos, ser considerado «simple» o «sencillo» no es una ventaja. Que le consideren un «simplón» o un «simplista» es aún mucho peor. Es como ser ingenuo, o incluso, tonto o necio. Por tanto, no sorprende que la gente tenga miedo de ser considerada demasiado «simple» o «sencilla»
Se le podría llamar el complejo de no ser demasiado «simple» o «sencillo».
Cuando se consulta a los psicólogos sobre este asunto, lo explican de una manera más bien complicada. Naturalmente, ellos también tienen el mismo complejo.
Los siete tipos de temores más comunes en el ser humano (todos tenemos alguno de ellos):
1. Temor al fracaso.
2. Temor al sexo.
3. Temor a la autodefensa.
4. Temor a confiar en los demás.
5. Temor a pensar.
6. Temor a hablar.
7. Temor a la soledad.
Según parece, el no ser simple, o no buscar soluciones sencillas, es consecuencia del quinto de estos temores, el «Temor a pensar».
El problema es que, en vez de pensar las cosas por nosotros mismos, dependemos de lo que piensan los demás. No sólo cuesta trabajo pensar, sino que muchas personas temen hacerlo. Son dóciles y obedientes y siguen fácilmente las sugerencias de los demás, porque les ahorra el trabajo de pensar por sí mismas. Se vuelven dependientes de otros para el trabajo mental y buscan un protector cuando tienen dificultades.
Probablemente tienen razón, hay un rechazo creciente a la complejidad. La gente no quiere pensar.
Por eso, lo simple tiene tanta importancia. Al simplificar un asunto complejo, se puede hacer que la gente entienda y pueda formar su propia opinión sin esforzarse demasiado.
En nuestra cultura hay una sensación de que hace falta cubrir todas las opciones porque alguien podría ponernos en evidencia en cualquier momento. No se puede omitir nada, pues podría ser fatal para nuestra carrera profesional.
En otras palabras, si sólo se dispone de una idea y esa idea falla, no se tiene ninguna red de seguridad. Y, dado que estamos tan orientados al éxito, esto magnifica el temor número uno, el «Temor al fracaso».
La gente se siente desnuda con una idea simple. Una serie de ideas posibles en una situación determinada permite que una persona piense que su posición está mucho más cubierta.
Nuestra educación general, nos enseña a gestionar cada variable, a explorar cada opción y a analizar cada perspectiva posible. Esto nos conduce a una complejidad enloquecedora. Y los más inteligentes producen las propuestas y recomendaciones más complejas.
Se confunde con demasiada facilidad «simplicidad» con «simpleza». En nuestro lenguaje coloquial ser «simplista» tiene una connotación negativa, cuando en realidad significa «que simplifica o tiende a simplificar».
Lamentablemente, cuando se empieza a dar vueltas sobre todas las soluciones posibles a un problema, entramos en el camino al caos. Se acaba con ideas contradictorias y la gente se mueve en distintas direcciones. La sencillez requiere que se reduzcan las opciones y que se decida un camino único.
EL TERCER MUNDO MUERE DE CANCER
Los tumores son ya la primera causa de muerte en los países pobres. El mundo al revés. Así podría definirse lo que está ocurriendo con el cáncer en todo el mundo sin que apenas nadie parezca darse cuenta.Tal vez le sorprenda saber que los tumores son la primera causa de muerte en los países de bajos ingresos, un escenario en el que se registran dos tercios de todas las muertes por esta enfermedad en el mundo. Las recetas contra esta epidemia podrían estar al alcance de la mano, según un buen número de especialistas.
Esta semana, la revista ¨The Lancet¨ ha reunido a un destacado elenco de firmas para llamar la atención sobre esta situación y reclamar medidas urgentes. Entre los autores de un comentario especial sobre el cáncer en los países en desarrollo destacan el ciclista Lance Armstrong (a través de la fundación contra el cáncer que lleva su nombre); el ex ministro mexicano de Sanidad, Julio Frenk; o el antiguo director ejecutivo de Onusida, Peter Piot.
Todos ellos recuerdan la paradoja del 80/5, unas cifras que recuerdan que los países pobres soportan el 80% de la carga oncológica en el mundo, mientras que sólo reciben el 5% de los recursos. Y eso a pesar de que en los últimos años la situación ha ido tornándose cada vez más preocupante: "En 1975, sólo el 15% de los nuevos diagnósticos se registraban en estas regiones pobres; frente al 56% del año 2008 o el 70% que se espera para 2030".
Remedios asequibles
Lo peor, indican, es que existen estrategias sencillas que podrían ayudar a combatir esta situación, pero que no se están implementando. Ni siquiera son recetas muy caras, recalcan, porque bastaría con luchar contra el tabaquismo en estos países (nuevo foco de negocio de la industria tabaquera), educar a la población sobre ciertos hábitos saludables y emplear fármacos ya sin patente para ahorrar costes.
John Seffrin, director de la Sociedad Americana del Cáncer (ASCO), principal firmante del texto, recuerda que el cáncer debería levantar la misma oleada de solidaridad internacional con los países menos privilegiados que se vivió con el sida hace unos años. Un movimiento de este tipo permitiría, por ejemplo, lograr que se abarate el coste de ciertas vacunas que podrían evitar un buen número de tumores causados por virus. Como el de cérvix relacionado con la infección por papilomavirus (cuya vacuna sigue siendo demasiado cara para los países con menos ingresos) o el de la hepatitis B implicado en tumores hepáticos.
EL CEREBRO: UN ILUSTRE DESCONOCIDO
Estructuralmente, el cerebro es una máquina pavorosamente compleja. Permanece como una de las cosas que más desconoce aún el hombre.
Y en cuanto a sus funciones, la consciencia representa sólo una pequeña parcela de nuestra psique... En todo caso, parece indudable que nos afectan muchos estímulos que no percibimos conscientemente y que, por lo tanto, no podemos evaluar de manera racional. Algunos llegan a ser importantes, lo que manifestamos en ocasiones con frases como intuyo que (EL CEREBRO Y LA MENTE)
EL CEREBRO NO ESTÁ APROVECHADO A FONDO
El cerebro continúa desarrollándose, por impulsos curiosamente irregulares, hasta los cuarenta años. no llega nunca a estar más que semidesarrollado, y habitualmente no se utiliza más que una quinta parte de él. Como el cerebro crece sólo con el uso, por el desarrollo de una adecuada aislación de las fibras nerviosas sometidas a estímulo, esto significa que nadie ejercita su inteligencia, en forma suficiente para madurarla, antes de los cuarenta años. De ahí que nuestro sistema nervioso central llega a menos de la mitad de su desarrollo, aun en el momento de la muerte. Las facultades mentales que en la generalidad de las personas están inactivas o mal empleadas, superan en mucho a las que están en propia y efectiva actuación.
EL CEREBRO Y LA ENERGIA
El total de energía consumido por el cerebro se cifraba en unos veinte vatios, un quinto del que gasta una bombilla ordinaria, la diferencia de consumo entre el estado de vigilia plena y el coma profundo era cuestión de siete u ocho vatios. ¿Por qué, entonces, cuesta tanto pensar Como una forma de auto preservación, al cerebro le gusta evitar toda actividad innecesaria. Trata de gastar la menor cantidad posible de energía para cumplir sus tareas; por eso, tomará el camino más fácil cada vez que pueda. La tendencia natural del cerebro es evitar un estado de decisión, ya que éste implica trabajo. En general, poner al cerebro en estado de decisión requiere cierto gasto de energía, que se acrecienta al tener que ejecutar esas decisiones u otras subsiguientes.
EL CEREBRO ES MUCHISIMO MÁS QUE UNA COMPUTADORA.
El número de neuronas que contiene- sólo en la corteza - puede calcularse en diez mil millones. Y el número de conexiones entre ellas supera toda imaginación. Se gasta una gran cantidad de tiempo y esfuerzo aprendiendo cómo sacar el mejor provecho de los sistemas electrónicos de computación, pero se dedica menos atención cuando se trata de obtener lo máximo del sistema cerebral. Desafortunadamente, el sistema cerebral parece ser muy diferente de los sistemas de computación, y lo que se aprende de éstos puede ser más engañoso que útil.
LA ANSIEDAD
Ansiedad, temor anticipado de un peligro futuro, cuyo origen es desconocido o no se reconoce.
El rasgo central de la ansiedad es el intenso malestar mental, el sentimiento que tiene el sujeto de que no será capaz de controlar los sucesos futuros. La persona tiende a centrarse sólo en el presente y a abordar las tareas de una en una. Los síntomas físicos son tensión muscular, sudor en las palmas de las manos, molestias estomacales, respiración entrecortada, sensación de desmayo inminente y taquicardia.
Hasta finales del siglo XIX, la ansiedad extrema se atribuía, de forma errónea y rutinaria, a trastornos respiratorios o cardiacos.
Los teóricos del aprendizaje ven la ansiedad desde otra perspectiva. Algunos creen que la ansiedad se aprende cuando los miedos innatos del individuo concurren con objetos y sucesos previamente neutrales. Por ejemplo, un niño que se asusta por un fuerte ruido cuando juega con un juguete determinado puede asociar la ansiedad a este juguete. Otros teóricos del aprendizaje, por su parte, subrayan la importancia del aprendizaje por imitación de modelos y el desarrollo de pautas de pensamiento específicas, favorecedoras de la ansiedad.
Los trastornos de ansiedad son los trastornos mentales más comunes en los países occidentales. Además hay evidencia de que el trastorno de ansiedad se da en más de un miembro de la misma familia. El tratamiento más común para la ansiedad es la combinación de: medicamentos, psicoterapia, modificación de conducta y otros tratamientos de apoyo como las técnicas de relajación